Instrucciones para desanimar a una fanaticada y hacer el ridículo: conforme una selección de béisbol para el Clásico Mundial, dedíquese a poner trabas, a poner por encima los intereses particulares sobre los generales, no haga caso al plan de entrenamiento de un experto como Roberto Kelly, pida sacrificios a cambio de orgullo ("de la plata ya hablaremos"), y permita que las ilusiones se desinflen conforme se acerca la fecha de debut en Puerto Rico.
Esa es la triste fórmula que ha aplicado la dirigencia del béisbol nacional para conformar la representación nacional en un evento de la talla del Clásico. Y la realidad, ahora, es que a pocos días de participar en el torneo, Panamá tiene una selección con pocas y desanimadas estrellas, y con remotas esperanzas de éxito. Al final, en el deporte, se repiten las prácticas de la política clientelista y quien paga es la afición y los deportistas. Hay que apoyar y animar a los que aguanten esta locura porque tienen doble mérito.