La justicia panameña y los funcionarios estatales en general se quejan cuando los medios o la sociedad civil denuncian su ineficacia, el clientelismo que reina en sus feudos o la falta de credibilidad que tienen. Hablan de campañas políticas, apelan a su profesionalismo y todos enarbolan la bandera de la probidad.
Quizás ahora presten más atención a los reclamos, cuando es el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el que, en su último informe, habla de la justicia panameña como una de las menos independientes de Latinoamérica, de la burocracia estatal como “disfuncional” y del Legislativo como un órgano con “baja” capacidad técnica.
No nos alegra el diagnóstico, nos avergüenza. Pero nos tranquiliza que los repetidos llamados de atención que hacemos a las tres ramas del Estado no son fruto de la paranoia, sino de la triste, desgastante e hiriente realidad. Tomen nota señores y señoras, y no reaccionen a la defensiva. Tengan la altura democrática de autoexaminarse y limpiar la casa, porque algo camina muy mal.
