La situación en la frontera pacífica de Darién, es dramática. La tímida respuesta que han dado los últimos gobiernos, incluido el actual, es la ya conocida de: "En Darién no pasa nada". Pero, sí pasa. Y, aunque es imposible poner un policía en cada árbol de la espesa selva, es evidente que sí se puede hacer algo por mejorar la situación de estos panameños que son, en todo caso, ciudadanos sujetos de plenos derechos civiles.
La mejor herramienta para evitar que las comunidades de Jaqué, o las que pueblan la costa más al este, caigan en la desesperación, es darles alternativas de vida. Cada dólar que se invierta en educación, salud o proyectos productivos, será colosalmente multiplicado por los habitantes de esa olvidada área, sedienta de oportunidades. No se trata solo de una pista de aterrizaje, el asunto es de seres humanos, desarrollo social e inversiones que los hagan sentirse eso: personas. Solo se requiere voluntad para empezar ya a hacer algo, antes de que sea demasiado tarde.
