El retraso en los trabajos de interconexión realizados este fin de semana por el IDAAN conllevó que las anunciadas 18 horas de privación se convirtieran, en algunos sectores, en 24 horas y más.
Las molestias toleradas por los usuarios bien valen la pena si, concluidos los trabajos, el IDAAN logra cambiar la forma de vivir de cientos de familias a quienes el agua visita solo periódicamente. Y es que el agua que muchos damos por hecho, esa que derrochamos a manos llenas, es un recurso amenazado.
Por un lado están la deforestación y la contaminación de los ríos, tanto por algunas industrias, como por los particulares que los usan para verter desechos y desperdicios. Por otro lado están el crecimiento demográfico y el desarrollo urbanístico, que avanzan a un ritmo que la infraestructura de servicios de nuestro país no logra seguir.
Detengámonos pues y, antes de empezar una nueva semana de grifos abiertos, imaginemos lo que sería la vida sin agua; pero sobre todo, pensemos en lo que, como individuos, como sociedad y como Estado podemos hacer para conservarla.