La crisis nuclear que se ventila con Irán es de una complejidad tremenda y esto se demuestra al ver cómo Washington no ha lanzado amenazas guerreras como lo hiciera con Afganistán o con Irak.
Al igual que en el caso de Corea del Norte, donde Bill Clinton tuvo que negociar un tratado flexible antes que enfocar los cañones, Irán es depósito de reservas energéticas y un polo del equilibrio geopolítico mundial tan delicado que nadie se atreve a tomarse el tema a la ligera. El único camino que queda es el de la negociación en el marco de unas Naciones Unidas que, aunque malogradas, encuentran su único sentido en el entendimiento global.
Teherán rechaza la intermediación de la ONU, pero la verdad es que si no queremos vivir un episodio desestabilizador en este planeta, se debe recuperar el espíritu de entendimiento con el que nació la institución. Es hora de la diplomacia y quizás, de paso, se recobre un poco de la imagen perdida, del único foro global al que nos podemos acoger.
