Durante tres días Panamá será la capital del jazz. Lo que termina hoy con un gran encuentro ciudadano y musical en la Plaza Catedral no es solo un festival, sino una doble prueba que rompe los esquemas. Primero, porque demuestra que en Panamá hay público para demostraciones culturales de alto nivel, el problema es que la oferta escasea.
La segunda prueba nos confirma que tenemos talento local de primera línea con capacidad de convocatoria artística –Danilo Pérez–, y con calidad organizativa –todo el equipo técnico que lo respalda–.
Sirva el Festival de Jazz como ejemplo para que el país y la capital comiencen a tener una vida cultural más rica, que rompa con los guetos de élite, que acerque a los ciudadanos a lo que se está pasando en el mundo del arte de una manera democrática, estética y plural. La música, esta vez, es un soplo de viento fresco.
