La carencia de un verdadero escrutinio por parte de la Asamblea Nacional de los candidatos a magistrados de la Corte Suprema sigue generando consecuencias funestas. A fin de cuentas, el Ejecutivo, además de la controvertida escogencia de los candidatos, supo dejar bien en claro la falta de independencia del Legislativo.
Pero la premura y la imposición dejan ya evidencias de la jugada con la renuncia de Janina Small, quien no es idónea para ser suplente por no ser funcionaria de carrera. Por seguir la línea del Ejecutivo, la Asamblea se apuró a ratificar su nominación, también a sabiendas de que no cumplía a cabalidad con los requisitos constitucionales. Ahora Torrijos tendrá que rectificar, una vez más.
Más que la manipulación o los tropiezos del mandatario, reclamamos el triste papel de aquel órgano del Estado llamado a ser contrapeso del Ejecutivo y que actúa como pusilánime amanuense. Estos apuros institucionales que nos llenan de incertidumbre son innecesarios y lamentables.
