La dimisión del ministro de Desarrollo Agropecuario, Laurentino Cortizo, supone una brecha en el sueño idílico del presidente Martín Torrijos. El barco del Ejecutivo, hasta ahora relativamente compacto y con ruta definida, tiene una grieta profunda que, en la primera lectura, supone un alejamiento de los sectores productivos agropecuarios del país.
El mensaje cobra relevancia frente a la renuncia de un amigo personal del Presidente que, ante la disyuntiva, ha preferido optar por los intereses de su gremio que por los de su líder político.
Este hecho político sucede en mal momento para los intereses de Torrijos. Cuestiona la manera en la que se negocia el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y es el síntoma de divisiones de criterio más profundas de lo que se pensaba al interior del Gabinete. Esta crisis difícilmente se acalla con superpoderes.