Desidia y despilfarro son dos características delGobierno que han permitido que la corrupción tome fuerza, en lugar de disminuir en magnitud y percepción. Mientras esfuerzos por sanear las entidades públicas se ven frustrados con oportunos tecnicismos legales, vemos cómo la autoridad y el poder permiten que el recurso humano sea alegremente destinado a custodiar los bienes particulares del director del SMN, propiedades éstas de ninguna relevancia para la vida nacional.
Al mismo tiempo, solo luego de poner en el foco de la opinión pública el impresionante tema de la contaminación industrial en pleno corazón de la ciudad, es que vemos las primeras muestras de actos que debieron ejecutarse en cumplimiento del oficio y por mandato legal y no por presión ciudadana. Ahora, el presidente Torrijos dispone de un fondo adicional para mitigar las carencias populares; esperamos ver resultados y no nuevas excusas que solo abonan a la desidia y al despilfarro.