Hoy por Hoy 2006/01/04

La irresponsabilidad privada y la desidia pública pesan tanto como el plomo que corre por las venas de algunos habitantes de Pedregalito. Las autoridades sanitarias relativizan el problema de la contaminación contrastada por los mejores laboratorios del país y, hasta el momento, no han hecho nada para contrarrestar los comprobados efectos nocivos del plomo para las funciones renal y hepática y los sistemas nervioso central y periférico de los afectados.

Esto no es un juego o una denuncia de ciudadanos con mucho tiempo libre. Es una voz de alarma que demuestra que los permisos sanitarios, en concreto, y los de operaciones, en general, son terreno abonado para las coimas, las vistas gordas y las dejaciones de responsabilidad.

Nada habría pasado si la planta contaminante estuviera cerrada, pero ahora hay que ayudar a los afectados y evitar que en otros puntos de la capital o del país ocurra lo mismo. Mientras nos vendemos en el exterior como un paraíso natural, las pruebas demuestran un escandaloso déficit en materia de control ambiental.

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