Los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia comienzan hoy su trabajo con buenas intenciones. En sus primeras declaraciones públicas, Benavides y Mitchell se muestran abiertos a los cambios, pero cuidadosos de entrar haciendo ruido a una institución muy desprestigiada entre la ciudadanía. El problema nunca es de discurso, sino de acción. Lo más difícil en esta vida es ser coherente, lograr que lo que se piensa, se dice y se hace se parezca.
En Panamá, en Latinoamérica, hemos hecho una maestría en desfachatez institucional: dictadores hablando con autoridad de democracia, corruptos defendiendo la transparencia como honorables diputados, promotores de la impunidad dictando cátedra sobre justicia delante de los micrófonos... Ojalá los nuevos magistrados hagan la diferencia. Tienen la oportunidad de dar ejemplo y, con él, provocar una revolución interna hacia la coherencia en la maltrecha Corte.
La ética rinde beneficios personales que no se pueden perder en una apuesta política. Si a ustedes les va bien, al país le irá bien.
