Las carreteras son a un país lo que las venas y arterias son al cuerpo. Imaginemos un cuerpo con el 80% de sus canales sanguíneos dañados y estaremos viendo un cadáver andante. Panamá tiene problemas graves de circulación. El Ministerio de Obras Públicas reconoce que el 80% de nuestras vías interurbanas está en mal estado. Y la noticia no por conocida es menos grave. El deplorable inventario de carreteras afecta al desarrollo económico, a la seguridad física e, incluso, a la integración nacional. Este sí es un asunto de Estado. Los índices de desarrollo quedan anclados por culpa de la deficiente red vial actual, pero también por su insuficiencia. Pueblos aislados, comunidades sin salida que ven como el acceso a la salud o a la educación es una quimera. Las inversiones públicas deben atender de manera prioritaria lo estratégico, no sólo lo que proporciona réditos políticos. De nada servirá ampliar el Canal o construir nuevos puertos si no hay carreteras confiables para llegar a ellos o transportar las mercancías. La oferta de Panamá debe ser integral y de calidad.
Hoy por Hoy 2006/01/02
02 ene 2006 - 05:00 AM