La humanidad, abochornada por las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, proclamó hace 56 años la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El documento reconoce el derecho natural en un texto que ha servido de agenda común durante las últimas décadas a millones de personas para conocer y exigir el respeto a los derechos que le son inalienables.
Es mucho lo que queda pendiente por hacer, ya que los actos de barbarie que a diario se siguen cometiendo contra los más débiles son muchos, a pesar del trecho que hemos avanzado desde entonces. Aún pendiente está la aspiración –inserta en la propia declaración– de alcanzar un mundo en que los seres humanos vivan libres del temor y de la miseria.
