Este país podría entrar al universo mágico del Macondo de García Márquez. Le pedimos a los agentes del Tránsito que cumplan la ley y que no se dejen comprar por la plata o el poder. Uno de estos policías cree en su labor y le impone multas a varios vehículos de concejales que estaban mal estacionados. Y... ¡sorpresa!
Los concejales en protesta cierran la calle –sin que la Policía los reprima- y exigen la presencia de altas autoridades. La verdad es que esta es la historia de nuestro país. Gente que llega a puestos de poder y se le sube a la cabeza, piensan que pueden hacer lo que quieran, que el título es un salvoconducto, y se ríen de la inteligencia ciudadana.
Lo más grave es que insisten en que el oficial les faltó al respeto, cuando hoy se debería levantar un monumento a este policía anónimo como ejemplo para sus compañeros de que en Panamá la ley –por lo menos de Tránsito- sí se cumple. No se dejen atemorizar por el poder y sigan en su tarea, la condición de concejal es una enfermedad pasajera.
