El mismo día que la Asamblea Nacional corría a echarle tierra a las graves denuncias presentadas contra los magistrados de la Corte, Winston Spadafora era notificado de la decisión del Gobierno de Estados Unidos de revocarle la visa aduciendo actos de corrupción.
La noticia es extremadamente grave, no solo por que se trata de un altísimo funcionario en ejercicio, sino porque la decisión cae en cabeza de quien debería encargarse de frenar la corrupción en nuestro país. ¿Será que vivimos en dos mundos diferentes?
Si bien es cierto que resulta doloroso sentir que otra Nación actúe sobre actos que debían ser investigados y castigados en Panamá, no es menos cierto que Estados Unidos medita cuidadosamente y sopesa este tipo de decisiones porque sabe el efecto local que tiene.
La actuación y las decisiones de Spadafora no han sido más que un rosario de vergüenzas, iniciado desde la mera imposición que hizo la presidenta Moscoso de su allegado, hasta los más lamentables fallos. Pero, es que el pacto existente entre políticos criollos impide cualquier esfuerzo por adecentar el país. Y así, el caballero de la Corte, en vez de rescatar algo de dignidad con una renuncia, continúa abusando de un cargo alejado de la ética, pero entretenido demandando periodistas y medios.
