Atrincherados. Así parecen los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Atrincherados, alejados de la sociedad, de la realidad, sordos y mudos. ¿Dónde están los máximos representantes del órgano judicial? No se siente su presencia, excepto por la crítica en boca de terceros.
La sociedad civil les ha exigido actuaciones apegadas a la ética y a la justicia; el propio presidente Martín Torrijos dijo en marzo que la justicia necesitaba una "profunda reforma"; los profesionales del derecho han señalado las graves fallas de la CSJ... pero los magistrados siguen aferrados a sus cómodas sillas, callados. Ahora hasta las iglesias presentes en Panamá y sus representantes han pedido a los miembros de la CSJ que den al pueblo las explicaciones que merece.
Es inaceptable que los magistrados no rindan cuentas de sus actuaciones sino que piensen que la Corte es su finca privada. Al menos deberían hacer caso a los representantes de la fe. Pues, más parece que los togados de la justicia, en lugar de responder al culto de lo celestial, persiguen el culto a la corrupción. Recuperen la dignidad y den explicaciones.