Hasta hace poco se consideraba que la violencia contra la mujer era un asunto privado. Algo que ocurría detrás de la puerta de casa y en lo que nadie se debía meter. Y así sigue siendo para muchos, si se mira el subregistro existente en América Latina, donde sólo se denuncia uno de cada tres casos de violencia de género.
Esta "epidemia invisible" es un problema de salud pública porque provoca más muertes e incapacidad en mujeres de 15 a 44 años que las que suman el cáncer, la malaria o los accidentes de tránsito. Hoy es el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y, se quiera aceptar o no, es un asunto de hombres. Hombres que deben jugar un nuevo papel en la sociedad, hombres que deben mirar y tratar a las mujeres como iguales, hombres que deben entender que las mujeres no son objetos a los que golpear, insultar o explotar sexualmente en función de los instintos animales.
La violencia contra la mujer ensucia la esencia del hombre. Por esta razón, es hora de cambiar y de enseñar a los niños a ser hombres nuevos. Una sociedad que golpea a la mujer es reflejo de un pueblo cultivado en el machismo más vil.
