Una de las otrora más pujantes regiones de la provincia chiricana se encuentra sumergida en un oscuro laberinto que remembra un callejón sin salida. Por un lado los miembros de la cooperativa de bananeros de Puerto Armuelles reconocen su imposibilidad administrativa y, por el otro, la empresa comercializadora de la fruta, por diversas razones, incumple sus compromisos económicos con los trabajadores.
Estos últimos apelan al Gobierno para salvar de la hecatombe a más de dos mil familias que sucumbirían irremedia-blemente de cerrarse la operación bananera en el Distrito de Barú.
Los esfuerzos por hacer que la exportación de la fruta sea competitiva en el mercado europeo no parecen tener la celeridad que requiere la inminente situación de las fincas productoras, tal vez la solución llegue cuando ya no hay nada que salvar… Mientras, como panameños conscientes de la globalización y las fortalezas competitivas de nuestros vecinos del mundo, debemos responsablemente pensar en la reconversión antes de seguir forzando un elástico que simplemente tal vez no aguanta más presión.
