La democracia occidental se quedó sin rivales ideológicos hace ya más de una década. Y en este tiempo hemos descubierto algunas cosas: república no es equivalente a democracia; democracia formal no es igual a democracia real; las sociedades de la globalización son menos ‘gobernables’ que antes, y la exclusión social genera exclusión política.
Quizá por todas estas razones, la democracia de nuestro país está quedando en manos de los más incluidos: empresarios, gremios, trabajadores organizados o sociedad civil articulada.
Curiosamente, en el momento en que el individualismo es la moda, la asociación es el único camino de participación política. Panamá necesita profundizar en su sistema democrático, abrir creativos espacios de participación, y ser capaz de entender que disentir es el primer paso para construir. ¿Será una quimera?
