Hay que matizar las advertencias estadounidenses sobre los riesgos que rondan al Canal de Panamá en relación al terrorismo de Al Qaeda. La estrategia del miedo ha sido la principal arma política de la administración Bush dentro de su territorio y fuera de él. "Que viene el lobo", repite Washington a sus socios europeos, latinoamericanos y africanos para, de ese modo, abrir las puertas de la llamada cooperación militar y sumar adeptos a la causa contra lo que Bush denominó Eje del Mal.
El Canal de Panamá es tan susceptible de un ataque terrorista como lo es el Canal de Suez, la Plaza del Zócalo en ciudad de México o Disneyworld. El mundo es objetivo terrorista, como lo han demostrado los nuevos atentados en Bali. Pero el alarmismo no es la mejor fórmula de prevención.
El Canal, Panamá entera, debe estar preparado para lo peor, pero debe seguir operando para lo mejor. Entre otras cosas porque sus 82 kilómetros son, desde todo punto de vista, indefendibles de una mente loca armada de explosivos.
