Un triste episodio de imprudencia ha cubierto de luto el hogar de cinco familias panameñas y mantiene en angustia a más de 90 heridos en un accidente que pudo haberse evitado. Nuevamente surgen las preguntas obligadas: ¿Dónde está la autoridad responsable de impedir las regatas? ¿Por qué un autobús con llantas lisas circula libremente transportando vidas a riesgo de muerte? ¿Por qué conductores irresponsables e imprudentes siguen detrás del volante?
¿Hasta cuándo tendremos que escuchar excusas después de las tragedias? Rigurosidad en la aplicación de la normativa vigente que regula el servicio público de transporte colectivo, para impedir que tanto chóferes como buses que no reúnen las condiciones mínimas para transitar, lo hagan descaradamente. La necesidad de los usuarios los obliga a cerrar los ojos y abordar estas armas en potencia. Las autoridades se convierten en cómplices por omisión, por no impedir que esto suceda.