El discurso y la acción deben ser coherentes y caminar en la misma dirección. Hace apenas unos días el Gobierno nos propuso toda una estrategia de contención del gasto, modificación de horarios y ahorro energético, a fin de paliar la crisis global de petróleo de la cual no escapa Panamá.
Es duro aceptar más restricciones, incomodidades y hasta modificaciones a estilos de vida, cuando al mismo tiempo aquellos funcionarios que más ganan son a su vez beneficiados con subsidios de combustible mensual que no responden ni a la realidad social del trabajo que desempeñan dichos funcionarios, ni mucho menos obedecen a un legítimo propósito de aliviar la carga económica de tales ciudadanos.
No se trata de asistencia gubernamental para aquellos funcionarios de más bajo salario y rango, sino justamente lo contrario: la ayuda monetaria va a los bolsillos de la cúpula mejor pagada del Gobierno. Vaya injusticia que encima debemos sufragar como gentil cortesía del pueblo panameño. Tremenda desfachatez.