Hay aniversarios que golpean la memoria colectiva. Hoy se cumplen 20 años del horrendo asesinato que acabó con la vida de Hugo Spadafora, un luchador despojado de poder y arrogancia, cuyas armas fueron la verdad y la valentía. Esa muerte injusta fue el detonador que terminó en el derrumbe del régimen militar.
Esa misma muerte debe servir de norte a los hombres y mujeres que seguimos luchando por la democracia y la justicia. Ver pagar por este brutal crimen a su autor intelectual, el dictador Noriega, será solo un acto reparador. El verdadero homenaje a Hugo es respetar su memoria y su legado: el de la defensa de la libertad, la justicia y la democracia por encima del interés personal o de la defensa de supuestos honores.
