Si Estados Unidos necesitaba una excusa, Teherán se la ha dado. Irán, país incluido en el denominado por Washington como 'Eje del Mal', anunció ayer que reanuda parte del programa nuclear que suspendió hace 10 meses por temor a las represalias del Consejo de Seguridad de la ONU.
El régimen de los ayatolas ha pasado así por encima de todos los intentos europeos de amainar las aguas en este momento geopolítico en el que lo que menos hace falta es abrir otro frente de inestabilidad. Estados Unidos acusa a Irán de ser uno de los principales instigadores del terrorismo internacional y si la Casa Blanca no lanza un ataque contra ese país es porque sus soldados, su presupuesto y sus esfuerzos están centrados en Irak y en Afganistán.
Además, en el seno de la Junta del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) hay graves diferencias entre los países en desarrollo -que consideran que Irán no está violando los precintos impuestos por la OIEA a las centrales nucleares- y los países desarrollados -que consideran que Teherán los está retando.
Esta es la enésima oportunidad para comprobar si a la diplomacia internacional le queda algún papel que jugar en esta era de soldados y no de embajadores.