En el diálogo participarán quienes sinceramente tengan ánimo de dialogar. Tan sencillo como eso. Los ciudadanos no somos tontos y más pronto que tarde quedará en evidencia quiénes son los que asisten con propuestas serias a la mesa. Cuando se trata de la atención médica, la red de seguridad y la jubilación de los panameños, no hay cabida para intransigencias ni infantilismos.
Las propuestas deben llegar a la mesa y convencer a los demás integrantes con el peso de la razón y no con la amenaza de violencia. Y que quede claro de una vez por todas, que el tema de la Caja de Seguro Social es un tema que compete a los panameños, y las soluciones las tenemos que encontrar los trabajadores y los empresarios de este país.
Nada justifica exhibir al país ante una cumbre internacional que no tiene que –ni debe– inmiscuirse en un asunto netamente interno de los panameños. Panamá no merece más imágenes ni actitudes negativas; al contrario, debe saber proyectar al mundo la voluntad y apertura para ensayar soluciones al problema de la agonizante seguridad social.
