La corrupción vuelve a acaparar los espacios noticiosos. Es penoso tener que reportar nuevamente la cantidad y diversidad de modalidades en una misma edición. Es penoso, pero es real: la corrupción nos está carcomiendo.
Tenemos un viceministro que denuncia fraude en el manejo de exoneraciones e involucra estiradas figuras de cuello blanco; una procuradora que clama por iniciar una investigación contra diputados por uso inapropiado de prebendas y privilegios; un funcionario denunciado por abierta extorsión, y otros tantos destituidos por permitir la fuga de un prófugo.
Al final, cualquier investigación seria terminará en la Corte Suprema, o sea, podemos estar seguros de que continuará la impunidad. El mal se extiende más allá de la clase política porque toca a la sociedad entera, que lo tolera pacientemente. Se trata de un fenómeno cultural que tenemos, impostergablemente, que empezar a cambiar.