El anuncio de una multinacional de suspender la compra de productos agrícolas en Los Santos, es la evidencia más reciente de los efectos de la globalización y la competitividad mundial. El sector agropecuario se verá cada día más amenazado por productos extranjeros de buena calidad y precios bajos.
En Panamá, por años hemos mantenido una economía a la sombra del proteccionismo de los diferentes gobiernos que encontraron buen patrocinio para asegurar respaldo político. Pero tarde o temprano llega la realidad, que no es otra que la urgencia por promover la eficiencia y competitividad de ese sector. El agro es otra actividad productiva que se doblega ante los bajos precios y la presión de los mercados internacionales.
De nada sirve que se negocien tratados comerciales con socios cuya capacidad productiva y eficiencia supera con creces a la local, si antes no se dota a los productores panameños de las herramientas necesarias para que puedan hacer frente a los efectos de la apertura.
