El caso del hurto sistemático en el peaje de la autopista provoca dos reacciones. La primera es alegrarse de que el juega vivo tenga consecuencias –si es que llega a tenerlas-. La segunda es preguntarse porque casi siempre que caen ladrones, corruptos o expertos en lo que no es suyo, suelen ser los más humildes o sin influencias.
El cuello blanco no parece estar en el radar de las autoridades y se pasea por esa misma autopista en carros de lujo o con destino a residencias levantadas con el fruto de la indebida apropiación. Si el Ejecutivo, el aparato judicial o la policía quieren demostrar al pueblo panameño que aquí no se consiente la viveza, entonces es fundamental que veamos ejemplos de alta alcurnia.
En todos los rincones del país se comentan los nombres de los ladrones de cuello blanco en tono de chiste. Quizá si estuvieran tras las rejas la broma se convertiría en esperanza.
