Los habitantes de la capital merecemos que mejore la estética y calidad de vida de la urbe. La ciudad parece otra vez una gran telaraña de cables y tendidos. Los planes de ornato y urbanismo capitalino deben responder, orientarse y aprovecharse de las facilidades que ofrece el desarrollo tecnológico global.
Lamentablemente, la belleza de lugares históricos y vistas naturales queda evidentemente disminuida cuando marañas de alambres que cuelgan, sumado al tropel de anuncios publicitarios, empañan la visión de los ciudadanos.
Basta un paseo por la ciudad para comprobar cómo a lo largo de vías, avenidas y urbanizaciones, incluso en áreas que por ley o por tradición se habían mantenido limpias de tanta contaminación visual –como la antigua Zona del Canal y el Casco Viejo– ha retoñado la vieja costumbre –que es más barata, pero más ruinosa– de cablear por lo alto, aunado al bombardeo de propaganda exterior.
La normativa debe exigir cableado subterráneo al menos en las principales áreas de la capital. Es un reclamo ciudadano a las autoridades para ir construyendo una mejor ciudad.
