Riqueza ecológica, étnica y, por si fuera poco, histórica. Panamá ha sido privilegiada por la abundancia y por su localización. Pero, ¿debe venir la UNESCO a decirnos que cuidemos los monumentos y sitios históricos? Nos toca asumir nuestra responsabilidad en la preservación y custodia del legado de la humanidad.
La indiferencia oficial hacia Panamá Viejo y el Casco Viejo, el abandono del Fuerte San Lorenzo y el deterioro de tantos otros monumentos, son prueba evidente de la negligencia en materia de preservación histórica. ¡Que no volvamos a pasar la vergüenza de ver cómo, mientras celebrábamos el centenario con concursos de belleza y desfiles de moda, colapsaba el Arco Chato y se desmigajaban los altares de la Iglesia de San Francisco de la Montaña! Es ineludible la custodia de espacios declarados patrimonio de la humanidad, de cuya preservación y mantenimiento somos responsables.
