Además de la apariencia de diálogo y el simbolismo que reviste el encuentro Gobierno-huelguistas, el ánimo real de concertación y los resultados concretos necesitan permear fluidamente como consecuencia de un verdadero intercambio no solo de ideas, sino de posiciones.
Mientras la intransigencia siga siendo la nota común, amaneceremos con la incertidumbre de un país que sufre los embates de paralizaciones dañinas y cierre de calles que impactan negativamente el crecimiento, el desarrollo social y la atención médica de precisamente los estratos más humildes que, dicho sea de paso, son los usuarios masivos de los servicios médicos y escolares públicos, también suspendidos.
Basta de mantener posturas insostenibles, inflexibles y extremas, alejadas del bienestar común y del pueblo.
