En su campaña de 2000, George W. Bush prometió que este sería el "siglo latinoamericano". Los acontecimientos del 11-S hicieron añicos el deseo y Latinoamérica desapareció de la lista de prioridades de Washington.
El propio José Miguel Insulza escribía, meses antes de ser elegido como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), que era mejor no ser prioridad y construir "vínculos continentales normales", ajenos al conflicto.
Quizá por eso no es fácil que ahora, de la noche a la mañana, Bush se aparezca en la reunión de la OEA para imponer un sistema de "evaluación" de las democracias latinoamericanas y pretenda tener éxito. Ayer, la asamblea de la OEA no cedió a las presiones de Washington y cambió el "control democrático" de Bush y Rice por los mecanismos de "cooperación regional" propuestos por 11 países del hemisferio. La semántica es importante, la soberanía también.
