La dirigencia obrera ha perdido una gran oportunidad. Teniendo la ocasión de presentar verdaderas propuestas para solucionar el problema que atraviesa un tema esencialísimo para los trabajadores, optó por atrincherarse en un discurso ideológico desfasado y hasta irresponsable, si se tiene en cuenta la magnitud del problema.
La identificación que la población podría tener con su postura se ha esfumado y queda cada vez más distanciada por su pretensión de fomentar paros, actos vandálicos y cierre de calles.
Los obreros panameños merecen una dirigencia a tono con las realidades del mundo moderno, que pueda, con inteligencia y transparencia, representar los intereses y la mejoría de los trabajadores en su formación laboral, y presentar propuestas serias y factibles para integrarse al resto de los sectores productivos del país en una agenda común por crear más y mejores empleos, disminuir la escandalosa pobreza que tiene este país y lograr la madurez y plena responsabilidad cívica.
