Es una lástima que el problema de la seguridad social del país haya terminado siendo resuelto de esta forma. La gravedad del tema y las profundas repercusiones que cualquier iniciativa tendrá sobre los panameños, reclamaban la concertación entre trabajadores y empresarios. Los golpes pudieron más que la razón y, así, el debate serio fue reemplazado por los alaridos y la violencia. Al final, el Gobierno, rehén de amenazas, optó por un remiendo apurado por su mayoría legislativa antes que liderar la búsqueda de soluciones profundas que hagan viable la institución a largo plazo. En una década tendremos que enfrentar nuevamente los problemas que obviamente han quedado pendientes. Queda en evidencia, una vez más, la inmadurez política de una nación limitada por una dirigencia obrera irresponsable, de políticos incapaces de pronunciar una frase desapegada de la más evidente demagogia y de nuestra sociedad que, incapaz de distinguir entre fondo y forma, tolera esta conducta.
Hoy por Hoy 2005/06/01
01 jun 2005 - 05:00 AM
