Los mercados solo se desarrollan y fortalecen con estructuras resistentes a la competencia y a los vaivenes de la oferta y la demanda. Restringir la libertad económica valiéndose para ello de una mal entendida protección al producto nacional, a la larga conlleva más pobreza pues incentiva la obsolescencia, encarece el proceso productivo y, por ende, el resultado final. De allí la importancia de permitir que el propio mercado defina naturalmente sus componentes. Pretender regular precios, imponer controles, barreras o restricciones a la libre competencia empresarial en nada beneficia a los consumidores, muy al contrario, los somete a rigores, restricciones y limitaciones que permiten el control -a veces hasta monopolístico- en perjuicio directo de los sectores que menos acceso tienen a alternativas económicas. Panamá ha ensayado varios modelos económicos, creando incertidumbre tanto para los inversionistas locales como para los foráneos. Mandemos señales claras para que el discurso de las autoridades no llegue distorsionado.
Hoy por Hoy 2005/03/27
27 mar 2005 - 05:00 AM
