Costa Rica, con su tradición de paz y democracia, ha quedado en materia deportiva en medio de una situación muy particular: los excesos de fanáticos fuera de control han provocado la sanción de la FIFA. Aunque esta realidad afecta directamente a los fanáticos ticos, también tiene consecuencias obvias sobre los panameños, amén de las innumerables excursiones planificadas con meses de anticipación. Al fin y al cabo, existe una compenetración total entre jugadores y aficionados, y un partido sin espectadores presentes resulta todo un contrasentido. Hay que tener cuidado con los cada vez más continuos brotes de violencia durante los juegos, que ponen en peligro la seguridad de jugadores y espectadores. Esta es una lección que debemos tener presente los panameños antes de que nos ocurra igual. El fútbol, por su naturaleza de competencia, es un disparador de pasiones y exaltaciones, y los ánimos muchas veces se caldean en las gradas. Y cuando todo esto se combina con el licor, el aficionado se convierte en un ser irracional y las graderías en verdaderos manicomios. Las autoridades responsables y los aficionados deben cuidar que la Marea Roja no se vuelva una barra vergonzosa, sino que sea timbre de orgullo y de respaldo a nuestra selección.
Hoy por Hoy 2005/03/10
10 mar 2005 - 05:00 AM