Hay tres pilares básicos que fortalecen toda democracia: legitimidad de sus líderes, capacidad para afrontar con éxito la agenda que la sociedad fije, y transparencia a todo nivel. Si cualquiera de estos tres pilares se tambalea, la sociedad pierde confianza en las instituciones. No se trata solamente de que los gobernantes tengan representatividad y éxito con sus políticas. Es necesario que ofrezcan probidad ética, honestidad en su conducta y transparencia patrimonial. Estas exigencias requieren de normas de estricto cumplimiento, de leyes que castiguen hechos de corrupción, de mecanismos que controlen y vigilen la gestión pública de los funcionarios, y de políticas que garanticen una democracia de equidad donde prevalezca la justicia social y las oportunidades para todos. Nuestro país aún tiene mucho camino por recorrer. A pesar de las denuncias por enriquecimiento ilícito de ex mandatarios y ministros, fallos cuestionables de magistrados y sobornos de diputados, son varios los que circulan impunes por las calles, sin que aún nadie los cite con la justicia, y además gozan de privilegios y beneficios en un país donde más de la mitad de sus habitantes viven en la pobreza. ¡Qué vergüenza!
Hoy por Hoy 2005/03/07
07 mar 2005 - 05:00 AM
