Una sola conclusión queda: nada bueno se puede esperar de la Corte Suprema de Justicia de Panamá. Es sencillamente una vergüenza nacional. El último escándalo se suma al ya triste espectáculo brindado por una mayoría de magistrados absolutamente desprestigiados y un colectivo sin credibilidad alguna. Lejos de cumplir su función primaria de administradora de la justicia, garante de los derechos fundamentales y contrapeso del poder político, la Corte ha sido la gran cómplice de los abusos del poder y la mejor aliada que la corrupción pudo encontrar al recobrar Panamá la democracia. Una sola conclusión, una sola salida: la renovación completa de sus miembros. Confiar en la incipiente y lenta renovación de sus miembros tomará lustros. A pesar de que pedir la renuncia de los magistrados pudiera ser un canto utópico a quienes han demostrado ser sordos y ciegos ante los reclamos de la sociedad, hay que insistir en su salida ya que es imposible siquiera iniciar el combate a la corrupción con su permanencia.
Hoy por Hoy 2005/03/04
04 mar 2005 - 05:00 AM
