Winston Robles, como sus otros dirigentes primeros, llegó a La Prensa sin saber nada de periodismo. Aprendió sobre la marcha, solo que su aprendizaje fue mucho más rápido y completo que el de los demás. Pero su legado más perdurable será su papel de faro, de punto de referencia y de sostén en los momentos más turbulentos, no solo del periódico, sino del país al que siempre ha servido. Winston Robles ha sido para La Prensa una especie de oráculo. Su verticalidad, su feroz independencia y amor por la libertad allanaron el camino de quienes tuvimos la suerte de trabajar bajo su dirección. Su pensamiento claro le permitió elevar nuestra breve nota editorial al rango de un nuevo género: sus Hoy por Hoy, llenos de sabiduría, en los que nada faltaba y nada sobraba. Durante 22 años -que incluyen los más trágicos del país y del periódico- empuñó con mano firme el timón de La Prensa hasta conducirla y asegurarla en la bahía bonancible desde puerto democrático en que han recalado todos los hombres de buena voluntad. ¡Muchas gracias, Winston!
Hoy por Hoy 2005/03/01
01 mar 2005 - 05:00 AM