El cumplimiento de las leyes y de la Constitución Política debiera ser el objetivo de todo diputado de la Asamblea Nacional, para salvaguardar los intereses de la patria con eficiencia, transparencia, ética y austeridad. Si se fortalece la independencia de ese órgano del Estado, sus miembros podrían ser mejores defensores de los intereses de la nación, legislarían mejor y ejercerían el debido contrapeso al Ejecutivo y al Judicial. Las circunstancias obligan a que los políticos reflexionen en torno al principio de que la democracia no está para retóricas estériles. Es necesario defender la institucionalidad con un legítimo reforzamiento del Legislativo, verdadera tribuna del pueblo. Hay que eliminar la concepción del diputado como asistente social, que atiende al clientelismo político y no trabaja por los intereses de todo el país. Estamos hablando, en definitiva, de una renovación política entendida como una confrontación de ideas, valores y concepciones de la vida, de las que no se puede abdicar, de una Asamblea que cumpla sus funciones por encima de complacencias al Ejecutivo y de contemporizaciones con el Judicial.
Hoy por Hoy 2005/01/29
29 ene 2005 - 05:00 AM
