El administrador de la Autoridad Marítima de Panamá y actual segundo vicepresidente de la República ha nombrado en la institución bajo su responsabilidad a familiares y amigos, en clara contradicción al credo de campaña y a su discurso cuando formaba parte de las filas de la oposición. Esta incongruencia deja mal parado al Gobierno y es una de las causantes de la alta impopularidad que tiene la clase política en nuestra sociedad, y evidencia el divorcio entre lo que se jura en campaña y lo que se hace en gobierno. ¿Con qué moral las actuales autoridades del Gobierno pueden ahora impulsar una reforma fiscal en la que se le exige a la clase productiva un sacrificio, si en el seno de las oficinas públicas se abren espacios para satisfacer la necesidad de empleo de parientes y amigos cercanos al jerarca de turno? Qué rápido han olvidado que la designación de Arosemena como administrador de la AMP tenía entre sus finalidades lavarle la imagen de corrupción, nepotismo y manejos irregularidades que caracterizaron las gestiones anteriores. La única esperanza que nos queda es que nunca es tarde para que los funcionarios recapaciten en su proceder.
Hoy por Hoy 2005/01/18
18 ene 2005 - 05:00 AM
