De la mano de la propuesta fiscal vino la confesión pública del calamitoso estado en que se encuentran las finanzas gubernamentales. ¿Cómo llegamos a esta situación? Han sido años de corrupción y clientelismo, de manipulación de cifras y total hermetismo. Pero también han sido tiempos de indiferencia ciudadana y de una lamentable pasividad. Para todos aquellos panameños que condenan la corrupción pero la ven como un problema ajeno y lejano, sus consecuencias tocan ahora a las puertas de casa. Llegó el momento de pagar por los abusos y por el silencio. El Estado necesita más recursos para subsistir y el costo, directo o indirecto, saldrá del bolsillo de los ciudadanos, de todos los ciudadanos, de los que advirtieron sobre el derroche y del resto que impávido ha guardado silencio por tanto tiempo. Ante el requerimiento del gobierno por más recursos para cumplir mínimamente con las funciones básicas del Estado, es imposible evadir la pregunta que varios hacen: ¿Dónde están los tributos que debieron ingresar al fisco por Panama Ports, las vivezas de PECC, los millones despilfarrados en partidas discrecionales, las fortunas dejadas a los cónsules, el derroche por las botellas de siempre y tantos otros abusos? Llegó la hora de meterse la mano en el bolsillo y pagar por la fiesta ajena. Pero debe llegar también la hora de pedir cuentas a quienes se sirvieron de sus cargos y ostentan impunemente los lucros del poder, así como a los avivatos que consiguieron privilegios inaceptables. Una cosa viene de la mano de la otra.
Hoy por Hoy 2005/01/16
16 ene 2005 - 05:00 AM