Independientemente de que el Contralor de la República haya cumplido o no con las funciones que le encomienda la Constitución Política del país, su administración llama a la reflexión. Y es que si bien durante los últimos cinco años la ciudadanía percibe que este funcionario no fiscalizó, no reguló o no controló de manera efectiva todos los actos de manejo de fondos públicos, no hay que olvidar que durante su gestión, en más de una ocasión, se le vio realizando investigaciones y denunciando a funcionarios, magistrados y ex presidentes, con el propósito de determinar la responsabilidad de estos en los casos señalados. Pero lo más valioso, que al menos perdurará pasado su período el próximo 31 de diciembre, es su valiente señalamiento de que la Corte Suprema de Justicia, único organismo que puede remover al contralor, es un refugio de la injusticia y que allí germina el foco de la corrupción. Que un contralor sentencie que en la Corte se fomentan fallos que burlan la justicia, es suficiente razón para que el Presidente de la República, con sus futuros nombramientos, y que el próximo contralor, en sus investigaciones, no pierdan de vista a la Corte, para el rescate de la decencia en este país. Si este es el legado que nos deja Weeden, valió la pena su esfuerzo.
Hoy por Hoy 2004/12/26
26 dic 2004 - 05:00 AM
