Aunque el nombre de la Asamblea Legislativa haya cambiado a Asamblea Nacional, sus componentes no dejan de ser lo que son. Los miembros de ese órgano del Estado se han convertido, según la percepción de la ciudadanía, las encuestas de opinión pública y su misma trayectoria, en integrantes de la institución más corrupta del país. En ella se refugian la ineficiencia, la impuntualidad, la ineficacia y la irresponsabilidad de la peor especie. Es la guarida de la impunidad por excelencia. Lástima que las últimas reformas no lograron cambios verdaderamente profundos en ese órgano estatal. Un alto porcentaje de sus miembros estaría dispuesto a ceder cualquier cosa a cambio de que los medios y la comunidad ignoraran sus andanzas. Es lamentablemente histórica la poca creatividad de algunos diputados, que reaccionan furibundos contra el mensajero, cuando lo que deben hacer es adoptar posturas inteligentes que le devuelvan a esta institución y a sus integrantes la honorabilidad y el respeto que en alguna década, ya lejana, le dispensó la sociedad panameña.
Hoy por Hoy 2004/12/15
15 dic 2004 - 05:00 AM
