La trágica muerte del boxeador colombiano Carlos Meza producto de los golpes recibidos en el tinglado, trae a colación tres aspectos importantes que hay que analizar: se trata de los riesgos que conlleva el deporte de los puños, el dilema ético del entrenador y la multimillonaria industria que mueve ese tipo de espectáculos. Y es que todos los boxeadores están expuestos a sufrir daños cerebrales al momento de enfrentar un combate, lo que a su vez representa un gran dilema para los entrenadores, quienes deben dirimir entre los riesgos que enfrenta su pupilo al momento en que el contendor lo presiona a punta de golpes y el coartarle la carrera del deportista con solo tirar la toalla. Lo razonable es que se prohíba el boxeo como deporte, pero esto es una quimera, pues mueve miles de millones de dólares alrededor del mundo. Pero, al margen de esta realidad, es necesario que se adopten mecanismos de seguridad que eviten la muerte de jóvenes pugilistas o que queden lisiados por el resto de sus vidas. Ya Panamá sufrió la muerte de uno de sus boxeadores y ahora Colombia. Hay que aplicar medidas para evitar esto, de lo contrario, más Meza morirán y los únicos responsables son los promotores de boxeo.
Hoy por Hoy 2004/12/08
08 dic 2004 - 05:00 AM
