El sida es un demonio de mil cabezas que tiene en jaque la existencia de la humanidad, la producción de las naciones y la base moral en la que se sustentan los principios y valores del hombre. Las estadísticas sobre el avance de esta pandemia en el planeta son escalofriantes. El virus no respeta el poder ni la riqueza ni la condición política, social o religiosa de las personas. Solo espera agazapado en la oscuridad de un cuarto el descuido o la imprevisión para condenar a una muerte lenta y dolorosa. Es por eso que hoy, 1 de diciembre, fecha en que se celebra el Día Mundial de Lucha contra el Sida, es propicia la ocasión para discutir qué hacer para prevenir el contagio y para atender a los infectados. En Panamá, las cifras oficiales señalan la existencia de tres mil enfermos bajo tratamiento. Pero se desconoce el número real de infectados y se estima que es enorme la cantidad de personas que no sabe que padece la enfermedad. Además, la población en tratamiento sufre la falta de provisión regular de las drogas que alivian el mal, realidad que se ha convertido en una fuente de perturbación para la salud de los enfermos. Por lo visto, las únicas armas contra el sida no son los fármacos, sino la educación y la comunión diaria en familia.
Hoy por Hoy 2004/12/01
01 dic 2004 - 05:00 AM
