El elevado desempleo es una de las herencias más preocupantes que recibió el actual gobierno y es un complejo desafío al que deberá hacer frente, en un contexto fiscal desfavorable. A ciencia cierta, nadie sabe cuál es la cifra exacta de desocupados en el país. De lo que no hay duda es que existe una elevada proporción de personas que no percibe un ingreso mínimo para satisfacer sus necesidades básicas. Frente a este panorama se incorpora otro dato desalentador, que consiste en la mala situación fiscal, que virtualmente dificulta las posibilidades de diseñar programas concretos encaminados a promover la creación de nuevos puestos de trabajo. Es previsible, en consecuencia, que el sector privado también tendrá que someterse a ajustes que afectarán su capacidad de contratación. Por eso, la base para cualquier política futura de estímulo a la creación de empleos requiere, en primer lugar, un manejo fiscal orientado a redistribuir los recursos de los gastos improductivos hacia aquellos con mayor capacidad de impulsar las actividades económicas. La seriedad de este asunto requiere de una profunda reflexión, porque adoptar medidas a la ligera, en lugar de ayudar, agravará el problema.
Hoy por Hoy 2004/11/26
26 nov 2004 - 05:00 AM
