El desabastecimiento y la pésima calidad del agua potable en muchas comunidades de la región metropolitana se han constituido en un crónico dolor de cabeza. Quienes padecen el problema no pueden esperar un día más la respuesta a una situación que debió haber sido superada hace muchos años. Por un lado, son lamentables las peripecias diarias a las que miles de familias se someten para conseguir un poco de agua porque el sistema actual es insuficiente y ya está afectando las mismas bombas de succión y, por ende, colapsando el proceso de potabilización. Y por otro lado, es impostergable la suspensión inmediata de la tala de árboles y la construcción de viviendas al borde del lago Alajuela, principal embalse abastecedor para la capital, y fuente de suministro de la planta potabilizadora de Chilibre. La sedimentación de los ríos ha causado turbiedad en el agua que sale por los grifos y está creando un ambiente de zozobra por las impurezas que esta pueda contener. En apego a las reglas de transparencia que demanda la sociedad, es preciso que se dé con urgencia una solución a quienes están tan necesitados del líquido. El agua, lo sabemos desde la escuela primaria, debe ser incolora, inodora y sin sabor. Por tanto, la población no merece recibir, en vez de agua, un líquido que más bien parece chicha de tamarindo.
Hoy por Hoy 2004/11/24
24 nov 2004 - 05:00 AM
