La celebración de las efemérides de nuestra separación de Colombia se realizaron con resultados y opiniones encontradas. No dejaron de motivar controversias y en algunos casos hubo actitudes de airado repudio. La escogencia de nuevas rutas para los desfiles, abandonando la secular tradición, debe ser evaluada cuidadosamente para tomar decisiones en el futuro. No hay duda de que la organización y participación del sector educativo y civil fue excelente, y denota un gran empeño, pero lo que causó preocupación y disgusto en la comunidad fue la excesiva presencia de un militarismo que corresponde a una época cumplida. Amén de que la ciudad quedó totalmente desprotegida la noche anterior, ya que los marchantes estaban todos descansando. Aunque esta institución merece el respeto de todos los panameños, preocupa el despliegue de contingentes fuertemente armados y maniobras de guerra durante los desfiles patrios. ¿Contra quién se están preparando? La presencia aérea a baja altura, volando entre edificios, de unidades del Servicio Aéreo Nacional en sectores de la ruta de los desfiles y de alta concentración humana, puede indicar pericia, pero también es peligroso y temerario. Ni hablar de su costo. Por eso, hoy resulta positiva la posición adoptada por el ministro de Gobierno y Justicia de que no se nombrará a un militar para dirigir la Policía Nacional. Estamos en democracia, por lo que no hay cabida para el retorno de la brutalidad y el salvajismo que significó la degenerada cúpula militar. Hay que propiciar una Fuerza Pública al servicio del país y de sus habitantes, y no para servirse de ellos como los militares hicieron durante la dictadura.
Hoy por Hoy 2004/11/10
10 nov 2004 - 05:00 AM