Las denuncias de corrupción inundan las páginas de los medios de comunicación. Los excesos de quienes han detentado el poder y se han servido de él, abundan. La ciudadanía se entera, poco a poco, de los más sórdidos actos de corrupción que parece no dejarán institución alguna sin mancha. Todo indica que son muchos más los escándalos que aguardan hacer su entrada en el escenario público. Pero no debe existir sorpresa por el contenido de las denuncias: por años se denunció las conductas impropias y los abusos de quienes detentaban el poder en estas mismas páginas, mientras prestantes figuras de la sociedad civil y periodistas eran demeritados por esos funcionarios, acusándolos de persecución y de armar campañas malintencionadas y morbosas, al tiempo que eran indagados por "atentar contra el honor" . Y mientras va saliendo a la luz pública abuso tras abuso, es necesario hacer dos preguntas, simples y directas: ¿Dónde estuvo el Contralor General todo este tiempo, tan meticuloso en la fiscalización de algunos funcionarios y tan permisivo ante otros? Más grave aún: ¿Qué ha hecho quien tiene la obligación constitucional de perseguir los delitos, el Procurador General de la Nación, que no ha logrado la condena de un solo monogordo durante su mandato? Han sido 10 años al frente del Ministerio Público y bajo su sombra ha reinado la impunidad sin que nadie, más allá que funcionarios de tercera categoría, hayan sido condenados. A ambos les tocará rendir cuentas, no solo por sus actos, sino por sus graves omisiones.
Hoy por Hoy 2004/10/31
31 oct 2004 - 05:00 AM
